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Su ensaladilla rusa está en el Top Five del Campeonato de Málaga amén de en otras clasificaciones como la del OMERG, la red social del Observatorio Malagueño de la Ensaladilla Rusa y el Gazpachuelo. Pero KGB es mucho más: es el Zara de la Gastronomía. Afortunada metáfora sobre la filosofía del prêt-à-porter gastronomique que acuñó la crítica especializada hace una década para explicar el fenómeno de los bistrots franceses de autor.

KGB ofrece una cocina creativa y a la última moda, para degustar de forma más social y menos solemne que en un templo de la alta cocina de vanguardia. Consecuentemente, a un precio también más asequible: ningún plato llega a 10 €. Se explica así el triunfo de la cocina de Irene Garrido Lomeña en este innovador concepto de restaurante diseñado por su marido, José Alberto Callejo, uno de los mayores talentos gastronómicos de su generación.

Michelin recomienda desde hace años el concurrido local de este inquieto y hospitalario matrimonio, que es el meeting point de la blogosfera más gourmetona merced a sus jornadas del chef invitado, donde una reconocida figura del panorama culinario, local o internacional, soleada o constelada, cede sus platos de éxito para estar un tiempo aquí encartados, junto a otros timbres de gloria de la mejor cocina internacional del momento.

Del exótico Poke hawaiano (8’50€) a las castizas croquetas de pringá del puchero (2’50€), el abanico de sugerencias entre la vanguardia y la tradición es apabullante: Bravas de Sanlúcar (5’30€) o Tataki de Tiburón (7’80€), para guía de recién llegados la carta incluye un atrayente ránking con los diez bocados más populares de la casa, que encabeza otra superventas: la imprescindible burger de carne de toro KGBull (4’80€).

Su repertorio de cocina intercontinental hace de este restaurante de tapas un resumen gastronómico del mundo. Con todo ello, tienen su pedazo de ramalazo regional; más particularmente, andaluz y malagueño: la hamburguesa de chistorra asada (5’80€) alterna con la presa ibérica de Jabugo (8’80€) y la manteca colorá de la Focaccia de los Montes de Málaga (6’50€). Este compromiso con la cocina local les ha hecho socios protectores de La Carta Malacitana: organización sin ánimo de lucro para defensa y difusión del patrimonio agroalimentario malagueño.

Fotografía: @elRincóndeRodri

Irene Garrido Lomeña

Irene Garrido Lomeña